La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Creyendo, en el Dios bueno, en pleno polo norte (mal).
Dios, es simplemente, la felicidad humana, máxima, de la que se pueda gozar, cualquier persona, en forma, del nombre del Padre, la Eternidad, o la nada.
Pero, para que una persona, pueda creer, correctamente, en este Dios, verdadero, esa persona, debe de tener, la posibilidad cierta, de adquirir, su felicidad máxima, de una manera libre, y por tanto, debe de tener, la posibilidad cierta, de hacerse, una sola cosa, con ese Dios, en el que cree.
Pero, si esa persona, emigra al polo norte, y se instala, en ese polo norte, de una manera interminable, de manera, que no quiere abandonar, ese polo norte, por nada, a esa persona, y a causa del mal (Mal = polo norte = diablo), en que desarrolla su vida, el creer en el Dios verdadero (Dios = la felicidad máxima, de esa persona), carece de todo sentido, hasta que, esa persona…¡¡¡Acepte, por fin, el abandonar el polo norte (Mal), y adquirir, libremente, su felicidad máxima, para hacerse, una sola cosa con Dios!!!
Así pues, la Creación, aunque es obra de Dios, toda ella (Dios = la felicidad humana, máxima = La Creación = La Nada), potencialmente, puede poseer, también, unos ciertos lugares, muy concretos y determinados, como, por ejemplo, los interiores de las estrellas en combustión, o los interiores de los planetas, habitados, por dinosaurios (Planeta Tierra), en los cuales, la existencia, de las personas, está sometida, a un cierto mal, inevitable, que podemos denominar, también, con diablo, o satanás…
Y esas personas, sometidas al mal, de forma inevitable, para poder finalizar, ese mal, de una manera justa, y para siempre, se lo deben de repartir, todo ese mal, previamente, a partes iguales, entre todas ellas, para que no haya quejas, en el sentido, de que una persona, sufra, más mal, que otra.