La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
El castigo divino, por la desobediencia.
El Padre eterno, había prohibido, el que sus hijos, e hijas, habitaran, en el fruto prohibido, o el interior del planeta Tierra (Felicidad humana, acotada, y minimizada), porque esa vida, era completamente insana, enferma, o maligna, para las personas.
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Pero, muchas personas (Hombres y mujeres), engañadas, de una forma, muy difícil de superar, para la razón humana, por Satanás, prefirieron desobedecer, esta orden divina, para intentar encontrar, en el interior de ese planeta Tierra, el supuesto cielo, que les había prometido, el timador Satanás.
¿Y cuál fue, el castigo, que les impuso Dios, a esas pobres personas, desobedientes, a su orden?
¡¡¡Pues, sus redenciones, o santificaciones, es decir, que se repartieran, matemáticamente, a partes iguales, entre sí, a todo el mal, que se iban a encontrar, esas pobres personas, timadas por Satanás, en el interior de ese planeta Tierra (En lugar del cielo, prometido por Satanás), y de esa manera, establecieran, sus finalizaciones justas, y definitivas, de todas sus relaciones circunstanciales, con ese mal, o con ese planeta Tierra, para siempre!!!
Pero, como todo ese mal, repartido de esa manera, tocaba a unas raciones, redentoras, de mal, tan grandes, que eran, casi imposibles, de sobrellevar, para esas pobres personas, y por tanto, los Carros de fuego, Nubes o naves tetraédricas, corrían un grave peligro, de explosionar, todos ellos, el Padre eterno, decidió enviar, a muchas otras personas, más, por su propia cuenta, escritas todas ellas, en el libro de la vida, antes de nacer, del vientre de mujer, al planeta Tierra, para que ese mal al repartirse, matemáticamente, entre todas las personas (Las enviadas, por Él mismo, y las envidas por Satanás), tocara a unas raciones, redentoras, mucho más pequeñas, o fáciles, de sobrellevar, para todas las personas, y por tanto, los Carros de fuego, Nubes, u ovnis tetraédricos, no explosionaran, y pudieran realizar, el viaje de vuelta, al Reino de los cielos.
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