La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
El comienzo, de la vida humana, impura.
Durante, toda una eternidad, todas las personas, poseímos, una pureza perfecta, es decir, durante, una eternidad, no hubo jamás, un solo hombre impuro, y no hubo, jamás, ninguna mujer impura.
Hasta que, hace, unos diez mil años, las personas, aterrizamos, por primera vez, y de forma masiva, en los interiores tenebrosos, de una veintena de planetas del cosmos, entre ellos, el planeta tierra, y por tanto, desde hace, esos diez mil años, y a causa de vivir, las personas, en los interiores tenebrosos, de esos planetas, empezaron a existir, personas impuras, es decir, empezaron a existir, hombres impuros, y empezaron a existir, mujeres impuras.
Un hombre puro, por tanto, jamás siente vergüenza, por su desnudez, y jamás odia, a su sexualidad.
Y una mujer, pura, por tanto, es una mujer, que jamás siente vergüenza, ante la desnudez, de su cuerpo, y jamás, odia, a su sexualidad.
En cambio, un hombre impuro, siente vergüenza, ante, su cuerpo desnudo, y un hombre impuro, odia a su sexualidad.
Y una mujer, impura, siente vergüenza, ante la desnudez de su cuerpo, y una mujer impura, odia a su sexualidad.
Y por tanto, con el final de la vida humana, impura, es decir, con el final, de las estancias humanas, en esa veintena de planetas, del cosmos, debe de concluir también, asimismo, la existencia de personas, impuras, es decir, deben de dejar de existir, tanto, los hombres impuros, como, las mujeres impuras.