La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
El evangelio, según los fariseos.
Es un evangelio, muy especial, en el cual, se desconoce, por completo, lo que es, el rescate, o salvación, de unos cosmonautas de Dios, perdidos, o extraviados, en las tenebrosidades, de ese planeta Tierra, a sus vidas eternas, naturales, viajeras, libres, por toda la Creación.
Es un evangelio, en el que la redención del mundo, del mal, o perfección del mundo, resulta, una asunto, totalmente indescifrable, para la razón humana.
Es un evangelio, que no resucitó jamás, a una persona, muerta del mundo, salvo el caso, de la persona, de Jesucristo, nada más.
Y es un evangelio, en el cual, un supuesto, “Jesucristo”, se dedica solamente, a traer, al mundo, una doctrina moral, especial, o una justicia especial, para, intentar corregir, a todos, y cada uno, de los asuntos mundanos, lo mejor posible, bendiciendo asimismo, también, a todas las muertes cadavéricas, de todas las personas, que lo habitan, sin importarle, por tanto, nada, en absoluto, que esas personas, y sus cuerpos físicos, correspondientes, son, y serán siempre, potencialmente, unas piedras vivas, eternas, con las que se debe de construir, el edificio de Dios (Cuerpo de Dios).
Es decir, el evangelio según los fariseos, del siglo I, es un evangelio, que solo debe de servir, para ser, pisoteado, por todos, como una sal, que ha perdido, por completo, su poder, conservador de la vida.