La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
El Evangelio, y la Política.
Son, como el agua, y el aceite, es decir, son dos asuntos, que resulta imposible, el mezclarlos, entre sí, con armonía.
Pues, mientras la Política, solo se dedica, a que, el argumento de la vigilia atroz humana, vivida en el interior tenebroso, del planeta Tierra, sea, lo menos infeliz, posible, dentro de lo que cabe, para las personas.
El Evangelio, se dedica, exclusivamente, a que esa vigilia humana, terrestre, no concluya, en un dolor, y en un sueño, sino, que concluya, solamente, en un sueño humano, plenamente feliz, o de felicidad, máxima, para todas las personas, es decir, que concluya, en la conciliación del sueño eterno del Reino de los cielos, el Cielo, y la Eternidad, por parte, de todas las personas, sin dolor alguno, de por medio.
Ahora bien, como, cuando una persona, cualquiera, sufre, una cierta cantidad de mal, finita, [R^], sin pasarse, y sin quedarse corta, se redime, completamente de ese mal, es decir, da por concluida, toda su relación circunstancial con ese mal, para siempre, todas las infelicidades, que sufren, todas las personas, en sus vigilias atroces, resultan, muy útiles, para que esas personas, conviertan, finalmente, a sus vigilias atroces, en el argumento, de un sueño, plenamente feliz, sin ningún mal, de por medio, de una manera, completamente justa.