La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
El final del culto al dios cadáver.
Si Dios, estuviera muerto, dentro de su propia Creación, entonces, en ese caso, si que sería necesario, el que las personas, murieran, para que, esas personas, pudieran viajar, desde el mundo (planeta Tierra), hacia ese dios, cadavérico.
Y en ese caso, la Eternidad, el Cielo, y el Reino de los cielos, serían solamente, unas tumbas, apestosas, llenas de cadáveres humanos, es decir, llenas de corrupción, y por tanto, en ese caso, la Eternidad, el Cielo, y el Reino de los cielos, no serían ya, sinónimos, de una vida incorruptible, o una vida eterna, es decir, no serían, tal y como las describe, el libro del Apocalipsis (La Jerusalén celeste), configuradas, por personas-diamantes, es decir, configuradas, por la materia, más sólida, de toda la Creación.
Pero, como el Dios verdadero, es, por el contrario, la vida incorruptible, o la vida eterna, asociada, a la solidez, más grande, de toda su propia Creación, para poder viajar, desde el mundo (Planeta Tierra, o blandura extrema), hacia este Dios, verdadero, no es preciso, el morir, sino, que solo es preciso, el solidificarse, hasta el extremo, o el conciliar, un sueño, de felicidad, máxima, por medio, de la influencia, bendita, una estructura tetraédrica, buscando incansable, el 100 %, de su geometría perfecta.
Así pues, el fin del mundo, o el final de la estancia humana, en el planeta Tierra, supondrá también, el final, del culto, al dios cadáver, es decir, el final, al culto, completamente irracional, a la muerte, cadavérica humana, y su sustitución, por el culto, a la vida humana, completamente, libre, inmortal, eterna, y viajera, por toda la Creación y sus planetas, el Reino de los cielos, el Cielo, y la Eternidad, y que posee, su única casa, permanente, en la Eternidad, o Padre.