La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
El raciocinio de Dios.
Dios, razona siempre, con una magnitud de felicidad,
en sus juicios, infinita.
Es decir, Dios, no puede, ni podrá jamás, razonar,
con unos juicios, que posean, unas magnitudes de
felicidad, finitas, ó muy pequeñas (Irracionalidades),
y por tanto, del raciocinio de Dios, solo se puede
derivar, la existencia de una felicidad humana, que
tienda siempre, a hacerse infinita (Racionalidad
perfecta), en todos los casos.
Así pues, la Redención, aunque conlleva, en sí
misma, una infelicidad transitoria, finita, ó una
aparente irracionalidad, transitoria, es en realidad,
un juicio divino, perfecto, ó infinitamente feliz,
porque la Redención, busca siempre, finalmente, el
final justo, de la existencia del mal, ó infelicidad, en
todas las vidas humanas, para siempre, ó
eternamente.
Y por tanto, no se le puede pedir a Dios, que entre a
enjuiciar, los asuntos, puramente mundanos, porque
esos asuntos mundanos, poseen todos ellos, unos
desenlaces racionales, cuyas magnitudes de
racionalidad, son siempre, extremadamente
pequeñas, y no nos olvidemos, que los juicios
divinos, deben de ser siempre, infinitamente felices,
en sus desenlaces finales.
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