La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Hijos, e hijas, de un sueño.
De un sueño, infinitamente feliz, ya sea, en forma, de Padre, Eternidad, o inteligencia sin contenido alguno, ya sea, en forma, de Cielo, Hijo, o infinitos amores, infinitas paces, infinitas bellezas e infinitas libertades, combinados linealmente, entre sí.
¡¡¡Eso son, absolutamente, todos los bebés, nacidos, de mujer!!!
Y por tanto, no es justo, que ninguna mujer, ni ningún hombre, se consideren, como la madre, o como el padre, de un bebé, recién nacido.
Quizás, sea justo, tal vez, que un hombre, o que una mujer, se consideren, los padres, de un niño, de un adolescente, de un joven, o de una persona adulta, pero nunca será justo, que se consideren, los padres, de un bebé, recién nacido.
Y así fue, durante una eternidad, hasta el comienzo del mal (Influencia del interior del planeta Tierra, en las personas), de manera, que antes del comienzo de ese mal, ninguna mujer, que paría un bebé, tras ser fecundad por un hombre, se consideraba, a sí misma, como la madre, de ese bebé, y por supuesto, ningún hombre, se llegó a considerar, jamás, como el padre, de un bebé, recién nacido, sino que el único padre, común, que tenían, absolutamente, todas las personas (Bebés + niños + adolescentes + jóvenes), era el Padre eterno, es decir, era, el sueño, infinitamente feliz.
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