La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Dios, y todas las enfermedades humanas.
Dios, aborrece, infinitamente, a las vidas de las personas, sometidas al mal, es decir, Dios, aborrece, infinitamente, a la estancia de las personas, en el interior tenebroso, del planeta Tierra.
Y por tanto, Dios, aborrece, infinitamente, a todas las enfermedades, pudrimientos, o envejecimientos, de todas las personas.
Y Dios, tiene, el poder suficiente, para, curar, a todas enfermedades humanas, envejecimientos humanos, e incluso, tienes el poder, para resucitar, a todas las personas, muertas.
Pero… ¿Qué ocurre, entonces?
¿Por qué, motivo, Dios, permite, la existencia, transitoria, de las enfermedades, y los envejecimientos, en las personas, que habitan, el planeta Tierra, o lugar, prohibido, por Él?
Pues, porque, para que terminara, felizmente, su vida, sometida al mal, una persona, cualquiera, era preciso, el que, esa persona, se hiciera cargo, previamente, de sufrir, una cierta cantidad, matemática de mal, [R ^], de parte del mundo, en solidaridad, con los males, soportados, por otras personas, también, de parte, de ese mismo mundo, o mal (Redención).
Y por tanto, cuando una persona, sufre, cualquier enfermedad, le debe de rezar, a Dios, de esta manera:
“Padre eterno, yo se perfectamente, que, tú, aborreces, infinitamente, esta enfermedad mía, que ahora, padezco, y también se, que tienes, el poder suficiente, para curarla, pues, tu omnipotencia, es capaz de resucitar, a los muertos. Así que, cuando, esta enfermedad, me redima del mal, en una cierta medida, matemática, y según tu voluntad, espero, que, por medio, de tu poder, la hagas desaparecer, de mi vida, completamente, sin dejar rastro. Y cuando, termine de redimirme, por completo, del mal, por medio, del mal, que soporte, cada día, espero, que tu misericordia, bondad, e infinito amor, me arrebaten, completamente vivo, al interior, de uno de tus innumerables, carros de fuego, o nubes, volviéndome, por tanto, un cosmonauta, tuyo, viajero, libre, por toda la Creación, poseedor, de su eterna juventud, para siempre”.