La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
La causa de la existencia de la muerte humana.
Una persona, en su estado natural, 100 %, dormido, es un diamante, de una dureza máxima (Leer, al respecto, el libro del Apocalipsis, en el episodio: “La Jerusalén celeste”), y por tanto, una persona, en su estado natural, es un ser, eterno, inmortal, o sin ningún principio, y sin ningún final, ya que ese diamante humano, no tiene, ningún principio, ni tiene, ningún final, pues ese diamante, humano, puede adquirir, la forma o el nombre, dela nada, o la ausencia total de contenido, y esa ausencia total de contenido, al carecer, completamente, de contenido, en sí misma, es imposible, el que tuviera un principio, y es imposible, que, jamás, tenga un final.
Pero si ese diamante humano, se reblandece, hasta su grado máximo, por medio, de la influencia del fuego, las personas, visionan al planeta Tierra, y se convierte, ese diamante original, en una cierta parte, de él, que a duras, penas, continúa siendo, diamante, o Espíritu, y la otra parte, muy blanda, que tiende a desintegrase, de su parte diamantina, escapando de la fuerza de cohesión, de ese diamante, y que podemos denominar, como, los genes, o la carne mala, de las personas.
Pues, bien, cuando, la parte reblandecida, de ese diamante, original, humano, genes, o carne mala humana, escapa ya, de la influencia, o del control, de la fuerza diamantina, cohesionadora, o Implosión, se produce, la existencia de la muerte humana, y por tanto, el diamante humano reblandecido, hasta el extremo, se divide, en dos partes, una de ellas, el Espíritu, que continúa siendo, persona, viva, y la otra parte, o cadáver, que al carecer, de la suficiente, fuerza cohesionadora, diamantina, en sí misma, tiende a convertirse, en gases, a una gran velocidad, iniciando, por tanto, su putrefacción, acelerada.
Naturalmente, si una persona, que vive, en el planeta Tierra, con su diamante, reblandecido, hasta el extremo, por medio, de una Implosión, adecuada, recupera, de nuevo, la dureza diamantina original, para su diamante, reblandecido, vuelve a recuperar, de nuevo, su vida eterna, o su vida inmortal, original, para su persona, y por tanto, esa persona, no muere, jamás.