La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
La inmortalidad humana, a lo largo, de toda la historia del mundo.
Antes, de aterrizar, los Atlantes (Cosmonautas del Dios Trinidad, hombres y mujeres), por primera vez, en el interior del planeta Tierra, hace unos diez mil años, aproximadamente, ninguno de esos Atlantes, conocía, en absoluto, que potencialmente, podían morir, dentro de ese planeta Tierra, si permanecían, un excesivo tiempo, dentro de él.
Es decir, hasta hace unos diez mil años, aproximadamente, ningún hombre, creado, y ninguna mujer, creada, sabían, que potencialmente, eran mortales, dentro de un planeta, como el planeta Tierra.
Es decir, hasta hace unos diez mil años, aproximadamente, ni ningún hombre, creado, ni ninguna mujer, creada, sabían, en absoluto, que podían
ser, eso de sus muertes, potenciales, dentro de un planeta, como el planeta Tierra.
Los Atlantes (Cosmonautas del Dios Trinidad), pues, empezaron a reconocer, que eran potencialmente mortales, cuando, a causa de sus, múltiples conflictos, disputas y riñas, generados, sin duda, en sus vidas eternas, por el ambiente, infinitamente adverso, del interior del planeta Tierra, surgieron accidentes, tras los cuales, uno de ellos, quedaba inerme o muerto, en el suelo, sin la posibilidad, de que pudiera, volver en sí, de nuevo.
¡¡¡Y de esta manera, Caín, dio muerte, a su hermano Abel, por ejemplo!!!
Pero, la verdadera causa, de las existencias, de las muertes humanas, generalizadas o masivas, hay que buscarla, y encontrarla, más tarde, tras salir, los enloquecidos atlantes, de sus cuevas, y cavernas, y asentarse, al lado, de los grandes ríos, del planeta Tierra.
La verdadera causa, de la existencia, de las muertes, de muchas personas, hay que buscarla, y encontrarla, en que muchos habitantes del mundo, y a causa de la influencia perniciosa del planeta Tierra, ejercida sobre ellos, se formaron unas cosmologías, particulares, totalmente erróneas, totalmente disparatadas, de lo que eran, en realidad, el planeta Tierra, el Cosmos, el Cielo, la Eternidad, y sus existencias, en el mundo.
Unas cosmologías, equivocadas, que ignoraban totalmente, el verdadero origen, extraterrestre (Descendientes de los Atlantes), de todos los habitantes del mundo, y por tanto, unas cosmologías equivocadas, que ignoraban, por completo, que cualquier habitante del mundo (Planeta Tierra), continuaba siendo, potencialmente (¡¡¡Nunca había dejado de ser!!!), un cosmonauta Atlante, del Dios Trinidad (Mediante su salvación, tele transportación, por el poder del Dios Trinidad, al interior de un Carro de fuego, o Nube), libre, viajero, e inmortal, por todos los planetas del Cosmos, y con su única casa, en la Eternidad, o Padre, si ese era, su deseo expreso, al finalizar su estancia, en el planeta Tierra, o mundo.
Así pues, desde hace diez mil años (Comienzo de la estancia, de los atlantes, en el interior del planeta Tierra), el Dios Trinidad, ha vuelto cosmonautas suyos, a absolutamente, todas aquellas personas, habitantes del mundo, que han abrazado, a sus salvaciones personales, siempre, mediante sus arrebatamientos, o sus teles transportaciones (Invisibilidades), al final de sus estancias en el mundo, a los interiores, de los Carros de fuego, Nubes, o naves tetraédricas, del Reino de los cielos.
Y por tanto, la inmortalidad humana, jamás ha dejado de existir, en el mundo, a lo largo, de sus diez mil años, de duración temporal, aunque cuando, una persona, ha sido salvada por Dios, la invisibilidad de esa persona, al finalizar su estancia en el mundo, ha sido siempre considerada, por todos los habitantes del mundo, con un tema tabú, o como una cosa del diablo, y por tanto, como algo muy digno de ocultarse, del conocimiento general.
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