La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
La señal de Jonás, y el abandono del Padre.
Jonás, fue un profeta, al cual, Dios, le mandó, predicar el evangelio, en una gran ciudad (Mundo), y Jonás, desobedeció a la orden, que le había dado, Dios, y a consecuencia, de esta desobediencia, Jonás, fue tragado, por un gran pez, durante, tres días, y tres noches, hasta, que, al tercer día, el profeta Jonás, acepto, por fin, obedecer a Dios, y por tanto, el gran pez, vomitó al profeta Jonás, en una playa, cerca de esa gran ciudad (Mundo), y Jonás, tuvo, por fin, un gran éxito, con su predicación del evangelio, en esa gran ciudad (Mundo).
Pues bien, ante su pasión, liberadora del mal, Jesucristo, hace dos mil años, tomó como modelo, a imitar, a este profeta Jonás, desobediente a Dios, y por tanto, el día anterior, a su pasión, le rogó al Padre, en el huerto de los olivos, con todas sus fuerzas, que no librara, a su persona, de la muerte cadavérica, al día siguiente, en la cruz, salvándola, mediante su invisibilidad, en el mundo, y su arrebato, a un ovni platónico, sino, que, le permitiera, el morir, en esa cruz, y el resucitar, al tercer, día, es decir, exactamente igual, que el profeta Jonás, estuvo, tres días, y tres noches, en el vientre del gran pez, Él, debería de estar, también, muerto, y enterrado, tres días, y tres noches, en una sepultura del mundo, hasta su futura resurrección.
Y como, el Padre, no quería tener, ninguna relación, con esta muerte de Jesucristo, su Hijo, en la cruz, llenó a una cierta parte, de la crucifixión de Jesucristo, con muchas señales, de desaprobación, como, por ejemplo, tinieblas, terremoto, resurrecciones de personas muertas, y el abandono, transitorio, de la persona de su Hijo, en la cruz, antes, de que se produjera, esa muerte, de su Hijo, en esa cruz, que, no tenía, nada que ver, con el cumplimiento de su voluntad.
Y por tanto, toda persona, que rechaza, la salvación de Dios, es decir, toda persona, que rechaza, la compasión, o misericordia de Dios, como fue el caso, de Jesucristo, hace dos mil años, un poco antes, de morir, también, es abandonada por la compasión, o misericordia, de Dios, porque, la compasión, o misericordia de Dios, jamás, han tenido, nada, que ver, con la existencia, de la muerte cadavérica, de ninguna persona, que ha vivido, el mundo, a lo largo, de diez mil años.