La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Los salmos, 91, y 119.
El Salmo 91, narra, como una persona santa, a base de verse sometida, a una gran cantidad de sucesivos peligros mortales, de los cuales, es siempre librada por el poder del Dios Trinidad, llega a completar el 100 % de los sufrimientos de su Redención ([R]), y por tanto, conquista de esa manera, completamente justa y honrada, su vida eterna de cosmonauta, viajera, libre, nómada, é inmortal, por todos los planetas del Cosmos, pero que tiene ya su única casa perenne, no en el planeta Tierra, sino en la Eternidad ó Padre.
El Salmo 91, es un ejemplo claro pues, que demuestra claramente, que para el Padre eterno, siempre sucede, y sucederá, que:
[Existencia de sufrimiento, en las personas] = [Inmortalidad humana, garantizada] = [Vida eterna, garantizada] = [Libertad total dentro de la Creación, garantizada]
Y el Salmo 119, narra, como esa misma persona santa, que ha terminado de completar el 100 % de su redención ([R]), mediante el Salmo 91, se dedica, desde entonces, a convertir a todos los habitantes del planeta Tierra, en unos cosmonautas, viajeros, libres, nómadas é inmortales, por todos los planetas del Cosmos, y con su única casa, situada, no ya en el planeta Tierra, sino en la Eternidad ó Padre.
Es decir, el salmo 119, narra, como esa misma persona, que se ha santificado plenamente y previamente, en un 100 %, mediante el Salmo 91, se dedica, desde entonces, a salvar al mundo, es decir, se dedica, desde entonces, a finalizar el mundo, es decir, se dedica, desde entonces, a DESTRUIR DIVINAMENTE, a todas las obras humanas, dentro del planeta Tierra (Naciones del planeta Tierra), por medio del traslado, sano y salvo, de todos sus habitantes humanos, hacia el Sueño eterno, del Reino de los cielos, el Cielo, y la Eternidad, mediante sus abducciones-arrebatamientos-raptos, a los interiores de los Carros de fuego, ó Nubes bíblicas, y por medio, del posterior trabajo, realizado por las Máquinas del tiempo, de esos Carros de fuego, ó de esas Nubes bíblicas, del Reino de los cielos.
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