La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Los Salmos, y el poder de Dios.
Absolutamente, todos los Salmos, están llenos, del poder de Dios actuando, eficientemente, para que, las personas, que se santifican, o que, se rediman del mal, por medio, ellos, sean salvadas, finalmente, de sus muertes cadavéricas, y por tanto, conquisten, sus vidas eternas, de cosmonautas, del Dios Trinidad, viajaras libres, por toda la Creación.
¿Y en que consiste, este poder de Dios?
Pues, en hacer desaparecer, del pensamiento humano, colectivo, a todas aquellas ideas, o a todos aquellos pensamientos, que no armonicen, que no sean coherentes, con la adquisición de las vidas eternas, por parte, de las personas, protagonistas, de esos Salmos.
¿Y que significan, las desapariciones, de todas estas ideas, del pensamiento humano, colectivo?
Pues, que, muchas personas, y muchos objetos físicos, ya grandes, ya pequeños, ya muy pequeños (Venenos), en los argumentos de los salmos, se vuelven, invisibles, ante los ojos, asombrados, de otras personas, testigos, ya sea, de una forma, transitoria, ya sea, de una forma, permanente, o para siempre, y por tanto, muchos intentos de asesinato, quedan fallidos, como, por ejemplo, en el caso, del salmo, 91, y por tanto, todas las personas, hacedoras de mal, o todas las personas, redentoras, se ven sumergidas, en una gran confusión, final, ante, tantos, milagros, que protegen milagrosamente, siempre, y de una forma invencible, a las personas, protagonistas, de esos salmos, que son sus víctimas, potenciales, siempre, de continuo.
Así pues, absolutamente, todas las ideas, del pensamiento humano, colectivo, solo pueden existir, si esas ideas, son coherentes, o armonizan, con las vidas eternas, de todas las personas, sometidas al mal, y que no han rechazado, con todas sus fuerzas, a sus salvaciones de la muerte cadavérica.