La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Mi redención, o mi santificación.
Es decir, mi estancia en el infierno, o mi cruz, particular.
Es decir, la historia, de toda mi vida sufrida, en el mundo.
¿Dónde, y cuando, fue planificada?
Pues, fue planificada, en el sueño eterno del Reino de los cielos, por otras personas, cuando, yo, estaba a punto, de nacer, en el mundo, que tras explicarme, como sería, ese plan, yo, lo acepté, sin dudar, a ese plan, a pesar, de ser, ese plan, una terrible pesadilla, para mi persona…
Y de esa manera, toda mi vida futura, en el mundo, quedó, predestinada, quedó dependiente, del cumplimiento, perfecto, de esa redención, o santificación, de mi persona, planificada, previamente, en el reino de los cielos, por otras personas.
Y por causa, de esta predestinación, mi niñez, pues fue, bastante sufrida, y posteriormente, al alcanzar, mis dieciocho años, de pronto, e inesperadamente, mi vida de joven, quedó, sumida, en un problema, insoluble, es decir, quedo sumida, un problema, que jamás, ninguna persona, podría solucionar, por mucho, que lo intentara, que me torturaba, terriblemente, día, y noche, que no me permitía, el relacionarme, con otras personas, de una manera luminosa, o algo sana, y que, por tanto, me volvió, incapaz, tanto, para seguir estudiando, como, para ganarme, la vida, por medio, de un trabajo.
Y así, me pase, sufriendo, siempre en solitario, siempre, de una manera sorda, siempre de una manera, muy dolorosa, mi redención, o mi santificación, desde los dieciocho años, desde los dieciocho años, hasta, prácticamente, hace, unos seis años, aproximadamente, que fue, cuando, comencé, a escribir artículos, en mi blog, o en mi página web, y desde entonces, me olvidé, poco a poco, y de forma progresiva, de intentar solucionar, mi problema, insoluble, y por tanto, este problema insoluble, ya dejó de ser, un problema insoluble, para mi, no, porque lo hubiera logrado, solucionar, sino, simplemente, porque me había olvidado, por completo, de intentar resolverlo.
Y de esa manera, mi redención, o mi santificación, planificadas, en el Reino de los cielo, por otras personas, se cumplió, en toda mi vida, desde niño, hasta la actualidad, a la perfección.