La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Millones de planetas, a elegir, donde viajar.
Los cielos nocturnos, son solamente, unas elaboraciones de las mentes humanas, cuando esas mentes humanas, tienden a no estar iluminadas, por la luz proveniente, de las estrellas en combustión,….
Y por tanto, los cielos nocturnos, solo existen realmente, dentro de los cerebros humanos,…
En los cielos nocturnos, no existen estrellas en combustión, porque si existieran estrellas en combustión, en esos cielos nocturnos, ya no podrían ser, esos cielos nocturnos, de ningún modo,…
En los cielos nocturnos, no existen planetas definidos, es decir, en los cielos nocturnos, no existen planetas, a no ser, que esos cielos nocturnos, sean iluminados adecuadamente, por las estrellas, en combustión….
En los cielos nocturnos, solo existen, puntos luminosos (Ondas), y oscuridades (Partículas).
Y por tanto, en los cielos nocturnos, ni existe, ni pueden existir tampoco, ninguna distancia espacial, a ningún planeta concreto y determinado, sencillamente, porque ese planeta determinado, no existe, como tal, definido, en esos cielos nocturnos….
Y por tanto, en los cielos nocturnos, ni existe, ni puede existir tampoco, ninguna distancia espacial, a ningún objeto físico, es decir, todos los cielos nocturnos (100 %), tienen una ausencia total de distancias espaciales, en sus hechuras,…
Ahora bien, cuando los cielos nocturnos, con sus ondas (Puntos luminosos) y con sus partículas (Oscuridades), son iluminados adecuadamente, por las estrellas en combustión, esas ondas y esas partículas, se convierten, dentro de los cerebros humanos definidores, en planetas definidos, concretos y determinados,…
Y por tanto, si quisiéramos viajar, dentro de un cielo nocturno, a algún planeta, concreto y determinado, contenido potencialmente dentro de él, en forma de onda y de partícula, por medio de un Carro de fuego ó Nube diamantina, podríamos elegir, entre millones y millones de planetas, diferentes, que solo se diferenciarían entre sí, por las diferencias frecuencias, de sus funciones de ondas (Diferentes magnitudes de Partícula-Felicidad, y Onda-Infelicidad, de sus funciones de ondas),….
Es decir, que entre la persona viajera, y esos millones de planetas potenciales, a los que podría viajar esa persona, no existirían unas determinadas distancias espaciales, DE NINGÚN MODO,….
Sino que, tan solo existiría, unas determinadas influencias cuánticas, del Diamante enfriado (Partícula)(, y del Plasma ó Fuego (Onda), actuando sobre ella, y que tendría que salvar, las termodinámicas internas inversas, del Carro de fuego, ó la Nube diamantina.
Es decir:
[Persona viajera] + (+ T) (Termodinámica natural ó influencia cuántica del Plasma ó Fuego) + (- T) (Termodinámica inversa, ó influencia cuántica del Diamante enfriado) → [Millones de planetas, a elegir libremente, por la persona viajera, sin ninguna distancia espacial, de por medio, entre esa persona viajera, y esos planetas]
Es decir, el supuesto Sistema solar, con sus doce planetas, girando alrededor del sol, no existe realmente, como tal, pues es una mezcla confusa de Cosmos potencial y de Cosmos efectivo, que es totalmente imposible, que contenga ninguna verdad objetiva, porque la ausencia total de materia definida, no se puede mezclar correctamente, con la presencia de materia definida, con ningún éxito final, en la mezcla confusa.
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