La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Sucedáneos. El hábito hace al monje.
En la naturaleza, no manipulada, por las personas, la figura geométrica, de un poliedro, no tiene pierde, pues, solo significa, y solo puede significar, una sola cosa: ¡¡¡Grandes fuerzas de cohesión, internas!!!
Es decir:
Poliedros = [Grandes fuerzas de cohesión, internas]
Y por tanto…
Si construimos, un poliedro, artificialmente, con nuestras, propias manos, por tanto, construimos, también, asimismo, unas grandes fuerzas de cohesión internas, es decir, que podemos decir, en este caso, que el hábito, hace haga al monje.
Y si ese poliedro, es un tetraedro, regular, perfecto, eso significa, en la naturaleza, unas máximas, fuerzas de cohesión, internas, en forma, de una, ausencia de fuerzas, muy grande, es decir, que un hábito, del monje, muy perfecto, significa, un monje, muy perfecto.
De manera, que si construimos, artificialmente, un tetraedro, regular, perfecto, construimos, al mismo tiempo, unas grandísimos, fuerzas de cohesión, interna, en forma, de una gran, ausencia de fuerzas.
De manera, que si una persona, se hace coleccionista, de muchas pirámides, se hace coleccionista, al mismo tiempo, de muchos sucedáneos, de muchas piedras preciosas, y por tanto, como el hábito hace al monje, esa persona, se hace coleccionista, también, de muchas fuerzas de cohesión, o de mucha, ausencia de fuerzas, asociadas, a esas pirámides, que colecciona…
En otra palabras, esa persona, se llena su casa, de una gran ausencia de fuerzas, que le puede generar, un envejecimiento, muy lento, y por tanto, una tendencia hacia el pudrimiento, o una tendencia a enfermar, muy pequeña, o ralentizada.
En los comienzos del mundo, es decir, en los comienzos de la estancia humana, en el planeta Tierra, hace diez mil años, las personas, eran, muy sabias, pues las personas, por aquel entonces, tenían la sana costumbre, de construirse sus casas, en forma de piedras preciosas, es decir, de construirse sus casas, en forma de pirámides, con el único objetivo, de envejecer, más lentamente, y por tanto, curarse todas sus enfermedades, por medio, de las ausencias de fuerzas, asociadas, a esas casas, en forma de pirámides.