La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Toda mi vida, en pocas palabras.
Pues, se puede resumir, así:
Mientras mi vida, fue solamente, una prolongación, del sueño, de bebé, mi vida de niño, fue, inmensamente alegre, y muy hermosa, llena, con toda la fantasía, del sueño, de bebé.
Después, de adolescente, y de joven, esa vida onírica, de niño, mía, empezó a conocer, a la influencia, del malvado, planeta Tierra, o mundo, sobre ella, y por tanto, esa vida onírica de niño, se empezó a llenar, de nubes negras, hasta convertirse, en una vida, con un gran porcentaje borrascoso, en sus hechuras, y con muy poca, de la belleza, de mi vida de niño, y de esta manera, Dios, dio comienzo, a mi redención, del mal, o mi santificación.
Y posteriormente, desde los veinte años, hasta los cuarenta, años, mi vida se sumergió, en un pozo negro, redentor, del mal, que Dios, se inventó, para que mi persona, se redimiera, más y más, del mal, de manera, que a causa, de mis fobias, hacia el planeta Tierra, o mundo, y de mis terrores, por causa del planeta Tierra, o mundo, y mis problemas insolubles, generados, por el planeta Tierra, o mundo, mi vida se vio incapacitada, por completo, para relacionarme, con otras personas, hasta el punto, de no poder, ni dedicarme a estudiar, ni dedicarme a trabajar, en ningún trabajo. Y por tanto, esa vida mía de adulto, y mi vida onírica, de niño, ya no tenían, nada que ver, entre sí.
Y finalmente, a partir de mis cincuenta años, de pedí a Dios, que me diera a conocer, la verdad, y Dio, escuchó mi oración.
Y conforme, Dios, me ha enseñado, esta verdad, yo, la he enseñado, en internet, y durante, todos estos años, que Dios, me ha estado enseñando, la verdad, me ha hecho olvidar, también, asimismo, mis fobias, mis terrores, y mis problemas insolubles, de mi juventud, y de mi adultez, hasta el punto, que ahora, a mis cincuenta y siete años, actuales, ya, prácticamente, no recuerdo, ninguna fobia, ningún terror, ni ningún problema insoluble, y solo conozco, la verdad, que Dios, me ha enseñado, durante estos ocho años, nada más.