La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Todas las personas, Hijos, e Hijas de Dios.
Y nunca, hijos, e hijas, de un hombre, particular, y de una mujer, particular.
Es decir, absolutamente, todas las personas, Hijos, e Hijas, de Dios, solamente, nada más, tal, y como, lo fuimos, durante, toda una eternidad, y a pesar, de nacer, en el cosmos, por medio, de unas relaciones sexuales, entre los hombres, y las mujeres, hasta hace, unos diez mil años, que fue, cuando aterrizamos, en el planeta Tierra, y por tanto, y a causa del mal, dieron comienzo, las maternidades particulares, imaginarias, y las paternidades particulares, imaginarias.
Así, debe de ser, de nuevo, con el final, de la estancia humana, en el planeta Tierra.
Cualquier bebé, nacido de mujer, pues, en el futuro, y cuando finalice, la estancia humana, en el planeta Tierra, o mundo, solo debe de tener, a un único, Padre, que debe de ser, Dios, y por tanto, ese bebé, no debe de tener, jamás, ni a ninguna mujer, particular, como madre, ni a ningún hombre, particular, como padre, dentro de la Creación.
[0] (Dios, Padre) + Explosión = [Todos los Hijos, de Dios, y todas las Hijas, de Dios (Creación)] + Implosión = [0] (Dios, Padre).
Y por tanto, las relaciones sexuales, entre los hombres, y entre las mujeres, solo deben de tener, un único significado, que es, el de facilitar, el que, Dios, intervenga, según su voluntad, dentro de su propia Creación, introduciendo, dentro de ella, a nuevas personas, engendradas, por Él mismo, y por tanto, provenientes, de Él mismo.
Y por tanto, para cada bebé, nacido, en el cosmos, de una mujer, cualquier otra mujer, y cualquier hombre, pueden hacer de cuidadores, de ese bebé, sabiendo, que ese bebé, solo tiene, un único padre espiritual, verdadero, y una única madre espiritual, verdadera, que es, Dios, mismo.
Todos pues, sacerdotes y sacerdotisas, según el orden de Melquisedec, y por tanto, unos sacerdotes eternos, y unas sacerdotisas eternas, que nunca, nunca, nunca, tienen, unos padres particulares, sino, que solo tienen, a un único, Padre, común, que es, y que debe de ser, Dios mismo.
Todos pues, hermanos, y hermanas, de Jesucristo, que aunque, nació de mujer, solo tuvo, a Dios, en realidad, como al único, padre-madre.