La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Una muerte no deseada por el Padre.
La de su Hijo Jesucristo, en la cruz.
Porque el Padre, lo que deseaba realmente de su Hijo, era que ese Hijo, amparado en su propia omnipotencia milagrosa, sufriera en unas ocho horas seguidas de cruz, el 100 % de la Redención ([R]), completamente vivo.
Y después de esto, ese Hijo herido, fuera curado de todas sus heridas, siempre por medio de su omnipotencia, de una forma completa, y emprendiera su viaje final, hacia la vida eterna del Reino de los cielos, el Cielo, y la Eternidad, por medio del Ovni diamantino, Carro de fuego ó Nube (¡¡¡Ascensión!!!.
Es decir, que el Jesucristo crucificado, aunque aparentemente, estaba en una debilidad extrema, respecto a su vida, sin embargo, la omnipotencia del Padre, que en los tres años anteriores, había resucitado cadáveres humanos, y había hecho innumerables prodigios, seguía reposando sobre Él, enteramente (S. Pablo: “El poder de Dios, se perfecciona en mi persona, en mis debilidades, de manera, que cuando estoy en debilidad, entonces, es cuando soy fuerte”), de manera, que esa omnipotencia, que conservaba vivo en la cruz, a Jesucristo, era totalmente invencible.
Y por tanto, Jesucristo, no hubiera tenido ningún problema, en completar matemáticamente, el 100 % de la redención ([R]), completamente vivo, y completamente sano y salvo,
Y el Jesucristo, crucificado, una vez completado, el 100 % de la Redención, mediante esa omnipotencia divina, capaz de todo, tampoco hubiera tenido ningún problema, en bajarle de la cruz, y en curarle todas sus heridas, de una forma completa.
¿Pero que sucedió, entonces?
Pues que el Hijo, le había pedido al Padre, con una gran insistencia, el día anterior, y en el huerto de los olivos, el morir en la cruz, y el resucitar al tercer día, de entre los muertos (Señal de Jonás, destinada por Jesucristo, para los incrédulos en el Evangelio), y por tanto, el Padre, decidió que no se cumpliera su propia voluntad, sino que se cumpliera la voluntad del Hijo.
Y por tanto, el Padre, muy poco antes de que se cumpliera esa voluntad del Hijo (Es decir, antes de que se cumpliera su propia muerte deseada), abandonó a ese Hijo, en la cruz, porque esa muerte de su Hijo, no tenía nada qué ver, con su propia voluntad.
Y por tanto, el Padre, lleno esa muerte de su Hijo, con grandes señales desaprobatorias, por su parte, como por ejemplo, un gran terremoto, resucitaciones de cadáveres, y tinieblas.
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