La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Unos seres libres.
¿Qué seres?
¡¡¡Absolutamente, todas las personas, que viven en el mundo (Planeta Tierra)!!!
¿Por qué, motivo?
Porque, a toda persona, que va a nacer prontamente, en el planeta Tierra, del vientre de una mujer, antes de que se produzca ese nacimiento, se le hace siempre, la siguiente pregunta:
Al final, de tu estancia en el mundo,…
¿Quieres salvar tu vida, de la muerte, es decir, quieres convertirte, en un cosmonauta, libre, nómada, viajero, e inmortal, por toda la Creación, o prefieres, morir, como un animal, y por tanto, dejar un cadáver tuyo, en el mundo?
Y unas personas, prefieren, a sus salvaciones o inmortalidades, y otras personas, en cambio, prefieren morir, en el interior del planeta Tierra.
Las primeras personas, son libres, según la libertad de Cristo, es decir, son libres, según la libertad gloriosa, de los hijos, y las hijas, de Dios.
Y las segundas personas, en cambio, rechazan esta libertad de Cristo.
Ahora bien, absolutamente, todas las personas, elijan o no elijan, la libertad de Cristo, para sus vidas, no ponen un punto final definitivo, a toda relación con el mal, o el sufrimiento, hasta que no terminan de completar, enteramente o matemáticamente, a sus redenciones sufridas, ([R] = Sufrimiento de Cristo), es decir, hasta que sus velas del mal, no se consumen, enteramente, y para siempre.
La salvación, es pues, el final de todos los cadáveres humanos.
Y la redención, en cambio, es el final del sufrimiento humano.
Según dijo, Jesucristo, hace dos mil años, cuando se vieran las señales en el sol, entonces, se manifestaría, en el mundo, que uno de cada dos ancianos, y que una, de cada dos ancianas, de todas las naciones del mundo, optarían, por ser libres, según la libertad gloriosa, de los hijos, y las hijas de Dios, y que la otra mitad, de los ancianos, y la otra mitad, de las ancianas, en cambio, optarían, por rechazar, la libertad gloriosa, de los hijos y de las hijas de Dios, que se les ofrece, gratuitamente.
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