La misma ciencia , que conocía ya, Hermes Trimegisto, los egipcios, los mayas, y muchos otros pueblos de la antigüedad. Una Historia verdadera, de la condición humana, dentro de la Creación ó el Cosmos (Evangelio ó Verdad), con el comienzo del mal (Influencia perniciosa del planeta Tierra, sobre las personas), y con el final de ese mal (Libro del Apocalipsis), y la vuelta a la normalidad, de todas las cosas.
Y en un principio, Dios creó...
Y en un principio, solo existía, la felicidad infinita, en forma de Padre, Eternidad, sueño, 100 % dormido, ó Inteligencia sin contenido alguno (Número [0]), que al carecer totalmente de contenido interno, no tenía una causa provocadora, anterior, y por tanto, era totalmente imposible, el que tuviera una causa provocadora, y es imposible, el que la finalice, jamás, por no poseer, ningún contenido interno.
Y después, esta persona, Padre, ó felicidad infinita, en forma de Inteligencia sin contenido alguno, engendró, y no creó, a la persona, Hijo, adquiriendo, por tanto, la forma (Sin variar su esencia), de combinaciones lineales infinitas, de infinitos, amores, paces, bellezas y libertades, por medio de la persona, del Espíritu Santo.
Y sucedía, qué el Padre, era igual al Hijo, y era igual, asimismo, al Espíritu santo, es decir, sucedía, que esas tres personas distintas, formalmente, eran en realidad, una sola persona, esencialmente, el Dios Trinidad, ó el Dios, uno y trino.
Hasta que, todo esto, dejó de ser, de esa manera, y por tanto, comenzó a suceder, que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, se comenzaron a diferenciar esencialmente, entre sí, en una cierta medida.
Y a esta diferenciación esencial, transitoria, establecida, entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, la podemos denominar, como la Nada.
Y la Creación, no es otra cosa, que esa diferenciación esencial, establecida entre esas tres personas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, ó la Nada, en forma de un conjunto enorme de emociones, astros, ó niveles discretos de felicidad, naciendo, permaneciendo y desapareciendo, siempre irrepetibles, entre sí, y regidos por las dos termodinámicas, la natural (+ T) (Hacia una menor felicidad), y la Termodinámica inversa (- T) (Hacia una mayor felicidad), siendo anulada completamente, hasta que de nuevo, venga a suceder, que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, sean solamente, una única persona, esencialmente hablando, adoptando, tres formas diferentes.
Y por tanto, en un principio, Dios Creó, un conjunto enorme de emociones (10 ^ {100.000.000...000}), que dentro de las mentes humanas (Subconjuntos de esas emociones), solo tenían la forma, de un Sueño eterno, plenamente feliz (Cielo, y Reino de los cielos), eso sí, que potencialmente, y para esas mismas mentes humanas (Subconjuntos de emociones), podía adoptar la forma, de un sueño, mínimamente feliz, totalmente amorfo, en su contenido, formal.
Y los siete días de la Creación, de los que habla, el libro del Génesis, no son otra cosa, que sucesivas investigaciones, iluminaciones, y catalogaciones, realizadas, por las mentes humanas, acerca de ese sueño, mínimamente feliz, que en un principio, era, totalmente amorfo, formalmente hablando.
Así, que las mentes humanas, dieron forma, a esa falta de forma, de ese sueño, mínimamente feliz, y lo llamaron, por tanto:
Cosmos ó Tierra, Cielos nocturnos, vigilias ó días, cuerpos físicos humanos, sexualidades humanas, hombre-mujer, Carros de fuego, ó Nubes, Estrellas en combustión, planetas ó árboles, con sus correspondientes frutos, en forma de vegetales, animales, mares, cordilleras, distancias, tamaños, dimensiones, y muchos más objetos físicos...
Y por tanto, cuando absolutamente todas las personas, concilien, de nuevo, el sueño eterno, plenamente feliz, del cual provienen, y de una forma definitiva, ó sin ninguna marcha atrás, posible, habrá sido, también, el final del Cosmos, con sus cielos nocturnos, sus Carros de fuego (Nubes), sus vegetales, sus animales, etc., etc.
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